viernes, 5 de marzo de 2010


RELÁMPAGOS  AUSTRALES TOCAN LA MELODÍA DE BRIAN EN EL SUR

 Por Brian Estoque Lorrain



"Porque como estuvo Jonás tres días
 y tres noches  en el vientre de la ballena…”
Mateo 12:38-41


Las ballenas errabundas…
Las ballenas demenciales,
cara a cara con la muerte transportaban sus quejidos con el 
/      viento,
cual dramáticas sirenas desde el sur…

Las ballenas eran blancas. Eran azules. Eran grises…
Las ballenas regresaban de un infierno rutinario, copia fiel 
/      de Moby Dick,
De un Capitán Ahab que se pierde en las alturas del Pequod,
que regresa entre las olas en arpones de otros tiempos. 
/      Y se va…
Pero regresa en otros más salvajes, carniceros que son hijos 
/      de Moloch.
Salpicadura de olas de una página olvidada que se queda con 
/      la niebla de aquel mar…
Que atraviesan esos cuerpos perseguidos en los días de 
/      tormenta y en las noches…

Las ballenas regresaban malheridas.
Las ballenas no leían a Melville; pero eran melodías 
/      fantasmales
de océanos irredentos que se pierden en los mapas más 
/      precisos de la historia del profundo sur…
Como sístoles y diástole temibles, de un soñador como 
/      era yo.
En los cielos más boreales de  la noche se perdían
en las aguas más polares capoteaban sus lamentos,
su canciones del adiós…


Son las nubes irredentas,  pienso yo,
Son los pájaros marinos que se aturden con la noche
y reviven su sinfónica armonía, cuando emergen del profundo 
/      mar azul.
Poseidones que celebran toda furia de los males.
Son amarras musicales circunspectas del bíblico Jonás,
que resisten los escualos y los hombres y se agolpan en su
/       mágico latido frente al sol…

Las ballenas eran grises.
Eran blancas. Eran azules, se adherían como tímidas 
/       criaturas al navío
que la muerte arteramente empujaba a su dolor…

Eran dulces criaturas que peleaban por la vida y los vientos 
/        protegían
desde nubes pasajeras en la ruta tenebrosa de la muerte con 
/       valor…

Las ballenas se escondían en los témpanos australes,
Y sus crías las seguían en su búsqueda nocturna,
a la espera de otros vientos en la música orquestada de
/       algún dios.

Las ballenas vienen y van hacia el amor.
Los barcos balleneros son heraldos de la muerte,
carniceros de aguas profundas
que trafican su codicia por los mares trashumantes…

Las ballenas son azules, grises, blancas… ¡Què se yo!.
Se escuchaban sus quejidos por el viento.
Emergían en su furia entre las olas.
En fantásticas visiones que venían y se hundían en las aguas 
/      soñadoras de un estrecho vigoroso de ese mar…

Yo escuchaba alaridos de su suerte entre vientos forajidos,
Melodía ballenera que se estampa en los oídos.
En la turbia marea de glaciares solitarios y de témpanos 
/      donde se oculta el sol.
 
Del crepúsculo de dioses que resignan con su ruta la matanza 
/      del cetáceo,
yo las veo zambullirse como nereidas  fascinadas de 
/      confiado  resplandor…

Las ballenas eran grises. Eran blancas. Eran azules.
Se perdían como diosas en el marenostrum de la ensoñación.

1 comentarios:

Blogger Eunice Escalona ha dicho...

Estimado Poeta
Brian Estoque Lorrain:

Me complació mucho, como
público atento y consecuente,
de los Espectáculos del Mar Dulce,
su interesante contribución en verso,
a tan importante sitio más allá de los
Siete Mares, y más acá de los puertos fantasmas... ¡Un cálido deleite!
Sobre todo, por sus observaciones con
catalejos de agua-marinas, por lo tanto, teñidas de un azul propicio a los sueños y
a las canciones marinas, que tan hermosamente, usted canta y sabe propagar... como se propaga la fauna y la flora de las profundidades cuando cursan las corrientes apropiadas y nutricias; la neblina más impaciente sobre el horizonte, y se alza la marea, siempre, aún en los días más imposibles, y en las noches más borrosas.

También le agradezco, la entrega en bandeja de
argento, de las ensoñaciones que un Mar dulce
puede hacer por nosotros, los espectadores del espectáculo, con sólo mirar el despliegue de amor inocente de las ballenas, y acercarnos a las orillas a recoger ramilletes de corales,
para sonreír ante su belleza de seres vivos y suplicar el perdón más generoso, por no recoger diaria y nocturnamente, nuestras propias tempestades.... y aprender de sus saltos y danzas en el Caldo Primigenio...

Con mi más cordial saludo
en Poesía de las Aguas:

EUNICE ESCALONA.-

14 de marzo de 2010, 12:50  

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